Vivimos un momento de aceleración tecnológica sin precedentes, donde la irrupción de la inteligencia artificial y la digitalización constante no solo redefinen sectores, sino que actúan como un amplificador de nuestra propia fragilidad empresarial. A este escenario se suma una capa de incertidumbre global marcada por tensiones geopolíticas y cambios económicos que impactan directamente en las decisiones estratégicas de los directivos. En este contexto, la capacidad de una organización para anticiparse y construir resiliencia se ha convertido en el factor diferencial definitivo para competir y crecer.
Ayer, Vitoria-Gasteiz se convirtió en el epicentro de esta reflexión estratégica. El Palacio de Congresos Europa acogió NEXTECH, un encuentro empresarial diseñado para perfiles de dirección que buscan algo más que tecnología: buscan respuestas a cómo fortalecer sus organizaciones por dentro para ser competitivas por fuera. Bajo el concepto de las «4 Vitaminas para la empresa», la jornada articuló una hoja de ruta para equilibrar cuatro dimensiones críticas: Resultados, Control, Innovación y Relaciones.
Índice de contenidos
- Más allá de la digitalización: estrategia, liderazgo y criterio
- Del cumplimiento a la competitividad: diligencia debida y resiliencia reputacional
- Independencia digital como ventaja competitiva
- La tecnología no genera negocio; las decisiones, sí
- Liderazgo, comunicación y equipos: la dimensión humana de la empresa
- Mesa redonda: innovación, talento y toma de decisiones
- Una conversación necesaria para el presente de la empresa Alavesa
Más allá de la digitalización: estrategia, liderazgo y criterio
A diferencia de otros foros, NEXTECH no se planteó como un evento puramente tecnológico. Como apuntó Jon Rivas, CEO de Caronte, “la tecnología por sí sola no genera negocio; son las decisiones estratégicas las que realmente lo impulsan”.
A través de las ponencias de Pepe Gómez Vadillo, CEO de Vadillo Asesores; Txema Fernández, CEO de Grupo INT; Jon Rivas, CEO de Caronte; y Álvaro Marín, experto en transformación organizacional y asociado en Huete&Co, los asistentes pudieron profundizar en cuestiones clave como la protección de la reputación corporativa, la independencia y soberanía del dato, la medición del impacto real de cada inversión en el negocio y la gestión de las dinámicas humanas que impulsan o frenan a un equipo.
NEXTECH nace con la vocación de ofrecer a directivos y directivas un marco de reflexión y acción para afrontar los desafíos presentes y futuros de las organizaciones. La jornada ha invitado a mirar hacia adelante y a reforzar la capacidad de anticipación, criterio y resiliencia de las empresas en un entorno cada vez más complejo.
En este artículo desgranamos las claves de estas cuatro “vitaminas”, que constituyen el nuevo ADN de la empresa resiliente de cara al horizonte 2026 y que han sido abordadas durante el encuentro.
Del cumplimiento a la competitividad: diligencia debida y resiliencia reputacional
La primera gran idea de la jornada llegó de la mano de José Antonio “Pepe” Gómez Vadillo, Director General de Grupo Vadillo Asesores, una firma familiar con más de 75 años de trayectoria y profundas raíces en el tejido empresarial alavés. Su intervención aportó una visión estratégica, muy conectada con la realidad de las organizaciones, al abordar la relación entre diligencia debida, gestión del riesgo y resiliencia reputacional ante una brecha de seguridad.
Pepe situó la ciberseguridad más allá del plano técnico y la presentó como un factor clave para la confianza, la preparación y la continuidad del negocio. Su enfoque puso el acento en la importancia de anticiparse, actuar con criterio y reforzar la capacidad de respuesta de las empresas en entornos cada vez más expuestos e inciertos.
Su intervención partió de una premisa muy clara: la ciberseguridad ya no puede entenderse solo como una cuestión técnica. Una brecha no pone únicamente a prueba la infraestructura o los sistemas de una empresa; pone a prueba su capacidad de anticipación, su cultura organizativa, su nivel de preparación y, sobre todo, la forma en la que responde cuando las cosas se complican.
De hecho, una de las ideas más potentes de su ponencia resumía perfectamente este cambio de enfoque: una brecha no mide al atacante; mide la preparación de la empresa.
Frente a una visión centrada en la culpa o en la reacción tardía, Vadillo defendió un modelo basado en la diligencia demostrable. Es decir, no se exige infalibilidad, pero sí profesionalidad, criterio y capacidad de acreditar que la organización ha actuado con previsión y responsabilidad. La clave no está en garantizar que nunca ocurra un incidente, sino en poder demostrar que se habían identificado los riesgos, que existían medidas para prevenirlos, que había mecanismos de supervisión y que la empresa sabía cómo actuar si llegaba la crisis.
En ese marco, su exposición puso el foco en seis pilares esenciales: identificación de riesgos, tratamiento, formación, supervisión, reacción y documentación. Seis elementos que convierten la seguridad en una práctica transversal y no en una medida aislada o puramente tecnológica. Porque anticiparse exige mucho más que herramientas: exige cultura, método y trazabilidad.
Otro de los mensajes más valiosos de su intervención fue el que relaciona directamente seguridad y reputación. La reputación no se protege el día del incidente; se protege mucho antes, a través de decisiones, protocolos, procesos y una forma de operar que construya credibilidad. Cuando una organización responde con transparencia, rapidez y criterio, no solo gestiona mejor la crisis: protege la confianza que sostiene su relación con clientes, partners y mercado.

En ese sentido, Vadillo planteó una reflexión de gran calado para el ámbito directivo: el verdadero riesgo no es solo el ataque, sino el relato que puede generarse después. Porque en una crisis, si la empresa no transmite control, otros ocuparán ese espacio interpretativo. Y ahí es donde la improvisación, la opacidad o la desorganización pueden amplificar el daño mucho más que la propia brecha.
Su intervención dejó, en definitiva, una conclusión muy clara: el riesgo tecnológico ya no es un asunto periférico, sino un factor estratégico que afecta directamente a la continuidad del negocio, al cumplimiento, a la posición competitiva y a la confianza pública de la organización. Hoy, hablar de resiliencia es hablar de preparación. Y hablar de preparación es hablar, inevitablemente, de diligencia debida.
Independencia digital como ventaja competitiva
La segunda vitamina de la jornada llegó de la mano de Txema Fernández Mesanza, CEO de INT, administrador de sistemas y especialista en ciberseguridad con más de 25 años de experiencia en la implantación de soluciones informáticas.
Desde su experiencia, planteó que durante años, empresas de todos los tamaños han cedido —consciente o inconscientemente— el control de sus datos, sistemas y operaciones a grandes plataformas tecnológicas.
Con la irrupción de la inteligencia artificial, este escenario se intensifica. La capacidad de decidir dónde están los datos, quién los gestiona y bajo qué condiciones se utilizan se convierte en un factor crítico. Porque quien controla los datos, controla también el conocimiento, los procesos y, en última instancia, la capacidad de competir.
Frente a esta realidad, Fernández planteó una alternativa clara: recuperar el control. Construir entornos digitales en los que las empresas sean propietarias de sus infraestructuras, sistemas e información, reduciendo la dependencia de terceros y ganando autonomía estratégica.
Para ello, estructuró su propuesta en tres pilares: sistemas, almacenamiento y aplicaciones. Sistemas que permitan acceder de forma segura a datos y herramientas desde cualquier lugar y dispositivo, facilitando el trabajo colaborativo; almacenamiento bajo control de la propia organización, incluso con capacidad de operar sin conexión y sincronizar posteriormente; y aplicaciones alineadas con las necesidades reales del negocio, sin generar dependencia tecnológica innecesaria.
Todo ello atravesado por un elemento imprescindible: la ciberseguridad. Porque la independencia digital no consiste solo en tener el control, sino en ser capaz de gestionarlo con garantías.
Su mensaje fue claro: la soberanía digital no es una aspiración teórica, sino una decisión estratégica. Una decisión que permite a las empresas dejar de depender de las reglas de otros para empezar a definir las suyas propias.
En un entorno donde la tecnología condiciona cada vez más el negocio, esta “vitamina roja” plantea un cambio de paradigma: pasar de ser usuarios de tecnología a ser propietarios de los activos digitales que sostienen la organización.

La tecnología no genera negocio; las decisiones, sí
El segundo bloque de la mañana arrancó con la intervención de Jon Rivas, CEO de Caronte. Desde su experiencia al frente de nuestra agencia de marketing, compartió una visión estratégica sobre empresa, transformación digital y crecimiento, conectando tecnología, negocio y toma de decisiones.
Su ponencia giró en torno a una reflexión clave para cualquier empresa inmersa en procesos de cambio: digitalizar no es comprar herramientas. En un contexto en el que términos como digitalización, automatización o inteligencia artificial ocupan cada vez más espacio en la conversación empresarial, Jon Rivas planteó una visión mucho más exigente y estratégica: la tecnología, por sí sola, no transforma nada si detrás no hay criterio, dirección y objetivos de negocio bien definidos.
Durante su intervención, desmontó algunas asociaciones frecuentes que siguen muy presentes en muchas empresas: una web no equivale a transformación, un CRM no es un modelo de negocio y la IA no sustituye al criterio estratégico. La tecnología, insistió, no debe entenderse como un fin, sino como un amplificador. Lo que realmente determina el impacto es la capacidad de la dirección para tomar decisiones con sentido, priorizar bien y orientar cada inversión hacia resultados concretos.
Desde esa perspectiva, la pregunta no debería ser qué herramienta incorporar, sino qué variable del negocio se quiere mejorar. Margen, conversión, ticket medio, coste operativo, EBITDA o dependencia comercial fueron algunas de las palancas que situó en el centro del debate. Porque antes de invertir, lo importante no es sumar tecnología, sino definir qué objetivo se persigue, cómo se va a medir y en qué plazo debería notarse el impacto.

Otro de los mensajes más potentes de su ponencia fue la crítica a una práctica muy habitual: comprar herramientas sin un objetivo económico claro y sin definir métricas previas. Jon Rivas alertó también sobre otros errores frecuentes, como confundir presencia con captación, delegar completamente la estrategia en proveedores externos o invertir en soluciones que después no se implementan, no se utilizan o no se optimizan.
Lejos de un discurso tecnófobo, Jon defendió una idea clara: la tecnología solo aporta valor cuando responde a una estrategia de negocio. Por tanto, la transformación no es solo digital, sino empresarial. En ese proceso, la tecnología puede ser una aliada decisiva, pero nunca un sustituto del pensamiento estratégico. La inteligencia artificial, de hecho, no reduce la necesidad de criterio: la hace aún más imprescindible.
Liderazgo, comunicación y equipos: la dimensión humana de la empresa
La última ponencia de la jornada corrió a cargo de Álvaro Marín Malumbres, especialista en transformación organizacional y asociado en Huete&Co, que llevó el concepto de NEXTECH al terreno de las personas, los estilos de comportamiento y las relaciones dentro de la empresa.
Marín cerró el encuentro con una idea clara: ninguna transformación empresarial puede sostenerse sin una comprensión profunda de los equipos que la hacen posible. Su intervención partió de una premisa sencilla: no basta con tratar a los demás como a uno le gustaría ser tratado; el reto está en entender cómo necesita ser tratado el otro. A partir de ahí, abordó la personalidad, la comunicación y los sesgos de comportamiento que condicionan la relación entre profesionales, equipos y líderes.
A través de un modelo basado en cuatro perfiles, fue desgranando distintas formas de actuar dentro de la organización: perfiles más orientados al resultado o al control, más centrados en la innovación o en las relaciones, más racionales o más emocionales, más extrovertidos o más introvertidos. Su enfoque no se limitó a describir rasgos de personalidad, sino que los trasladó a claves de comunicación aplicables al día a día de cualquier empresa: qué necesita cada perfil para confiar, cómo conviene plantear una idea, qué mensajes generan rechazo o qué errores conviene evitar.
Con esta última ponencia, NEXTECH amplió el foco de la jornada e incorporó una dimensión clave en cualquier proceso de cambio: la humana. La intervención de Álvaro Marín dejó una idea de fondo clara: las empresas más sólidas no son solo las que innovan, controlan o crecen, sino también las que saben integrar perfiles distintos, equilibrar tensiones internas y convertir esa diversidad en una fortaleza.

Mesa redonda: innovación, talento y toma de decisiones
La jornada concluyó con una mesa redonda moderada por Álvaro Marín, en la que participaron los tres ponentes de la mañana y a la que se sumó Ander Larrinaga, Director de Desarrollo Económico e Innovación de la Diputación Foral de Álava. El coloquio permitió aterrizar algunos de los temas abordados durante las intervenciones y abrir nuevas cuestiones vinculadas a la innovación, la independencia digital, la inteligencia artificial, el cumplimiento normativo y la gestión del talento.
En este último bloque, Ander Larrinaga recordó que existen distintas herramientas y líneas de apoyo desde la Diputación Foral de Álava para impulsar la innovación empresarial, y señaló la fiscalidad como una de las principales palancas disponibles, junto con otro eje fundamental: la colaboración entre empresas e instituciones para generar conexiones y sinergias.
Entre las preguntas planteadas, una de ellas giró en torno a cómo evaluar el grado de independencia digital de una empresa. La respuesta apuntó a una cuestión de control: sobre las herramientas que se utilizan, sobre la ubicación de los datos y sobre la infraestructura que sostiene la actividad. También se abordó qué consejo dar a una empresa que está empezando, y la respuesta de Jon Rivas fue clara: parar, pensar y conectar antes de ejecutar, fomentando conversaciones y relación con otras empresas e instituciones.
La mesa también dejó espacio para hablar sobre la percepción empresarial en torno a la inteligencia artificial. En este punto, Ander Larrinaga señaló que, más que miedo, lo que detecta en muchas organizaciones es falta de estrategia. En esa misma línea, apuntó que a muchas empresas alavesas les cuesta reconocer lo que ya están haciendo bien e identificarse a sí mismas como empresas innovadoras.
Otra de las cuestiones abordadas fue el posible temor de las empresas ante las sanciones derivadas de brechas de seguridad. Desde el ámbito legal, Pepe Gómez Vadillo reconoció que ese miedo existe, aunque también planteó un cambio de enfoque: entender el cumplimiento no solo como una obligación, sino también como una forma de competitividad legal.
Por último, el debate abordó una de las preocupaciones más presentes en el entorno empresarial: la dificultad para atraer, gestionar y formar talento. Durante la conversación se señaló que no siempre hay suficiente talento disponible, que en muchos casos faltan personas y que, aunque sí existe disposición y ganas por parte de quienes se incorporan, a menudo falta la formación necesaria para responder a las exigencias reales de las empresas.

Una conversación necesaria para el presente de la empresa Alavesa
NEXTECH 2026 cerró su segunda edición con una propuesta para abordar la transformación empresarial desde una mirada más amplia, conectando riesgo, tecnología, estrategia, innovación y relaciones. A través de sus cuatro “vitaminas”, la jornada planteó una reflexión sobre cómo construir empresas más preparadas, más conscientes de sus decisiones y más sólidas ante un entorno cada vez más incierto.
En ese sentido, el encuentro tuvo una relevancia especial para el ámbito empresarial y territorial de Álava, al poner sobre la mesa cuestiones directamente vinculadas a la competitividad del tejido local: la resiliencia, la independencia digital, la medición del impacto real de la inversión tecnológica, la innovación y la gestión del talento.
Más que un evento centrado en tendencias, NEXTECH se planteó como un espacio para conectar ideas, experiencias y necesidades reales de empresa. Un punto de encuentro desde Álava para pensar, compartir y reforzar la capacidad de adaptación de las organizaciones ante los retos del presente y del futuro.






Deja una respuesta
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *